Guerra Civil entre Huáscar y Atahualpa

La Guerra Civil que tuvo lugar entre Huáscar y Atahualpa se encarga de marcar la decadencia del Imperio de los Incas, este hecho se recuerda como uno de los momentos más importantes de la historia. Es por eso que merece la atención necesaria, ya que estudiar de cerca esta guerra, puede resolver distintas interrogantes.

Las consecuencias de la victoria

Esta guerra parecía transcurrir de la mejor manera, los Huáscar seguían perdiendo terreno, mientras que, Atahualpa seguían ganando. Todo parecía marchar tal como las demás guerras.

Evidentemente, los que apoyaban fervientemente a Atahualpa salieron victoriosos, pero ese triunfo en vez de traerlas alegrías, lo que trajo fue desespero, temor e incertidumbre. De cierta manera, se trató del verdadero triunfo amargo.

La razón de ello, es que para ese momento en el que se combatía una guerra civil interna entre Huáscar y Atahualpa, los españoles comenzaban a ganar terreno. Estos últimos llegaron al territorio peruano por medio de Tahuantinsuyo.

Su estrategia se encontraba lista, y el próximo paso que dieron fue el de apresar al soberano, quien para ese momento era Atahualpa. Este fue el primer paso, o el primer movimiento que los españoles hicieron en el territorio peruano; fue con este que comenzaba la época de la conquista y la colonia, además del dominio total por parte de los españoles.

La sucesión del trono

Esta sucesión o estos problemas basados en quien heredaría el trono, fueron los que desencadenaron la guerra civil. El motivo es que, el legítimo heredero, quien fue designado de manera directa por Huayna Cápac era su primogénito, el príncipe Ninan Kuyuchi.

Sin embargo, su petición no pudo cumplirse, ya que tanto padre como hijo murieron de manera simultánea. La razón de la muerte, se debe a una peste que había atacado a la región. De acuerdo a los historiadores, esta extraña peste se trataba de la viruela, la cual fue traída por los españoles desde Panamá.

Ahora bien, el trono no podía quedar sin gobernante, y de acuerdo a las reglas que el propio soberano Huayna Cápac había establecido, el segundo candidato era Huáscar. Por eso, con todas las facultades que el trono le otorgaba, este se encargó de ceñir la Mascapaicha, para así acreditarse de inmediato como el gobernante de Tahuantinsuyo.

Lo que Huáscar no esperaba, era que su hermano bastardo Atahualpa, también aspiraba al trono. Pero eso era lo de menos, lo importante es que, Atahualpa había nacido en el Cusco, por lo que pertenecía a la nobleza de Quito. Detalle que le impedía a Huáscar llegar al trono heredado por su padre.

La guerra civil

Huáscar sintió molestia e ira porque su hermano no se había acercado al Cusco para rendirle homenaje, pleitesía y sumisión a su padre. Por eso, cuando Atahualpa envió a la embajada para presentar sus disculpas por no asistir a la ceremonia que le rindieron a su difunto padre; Huáscar castigo con la muerte a esta.

Con este hecho, Huáscar buscaba emanar y hacer sentir la autoridad que tenía por ser gobernante. Lo que no esperaba, es que su medio hermano le respondiera con la sublevación.

Para este punto, Huáscar se había encargado de despertar la ira y la molestia de Atahualpa, y este último estaba dispuesto a todo, por eso la guerra civil estaba a punto de comenzar.

El desarrollo de la guerra civil

Los ciudadanos se encargaban de comentar lo que sucedía, nadie esperaba que dos herederos al trono pudieran pelear tan fervientemente por la ambición que tenían de llegar al poder.

Al inicio, Huáscar había conseguido dar pasos importantes, inclusive logró avanzar en la guerra que había iniciado con su hermano, pero esto le duró poco tiempo. Luego de que derrotara a Atahualpa y que lo hiciera prisionero, este logró fugarse.

Atahualpa se encontraba decidido a combatir, pero sabía que necesitaba cambiar su estrategia y por eso, se tomó el tiempo para reorganizar a sus hombres y volver a atacar. En su segundo ataque ofensivo que inició por el sur, contó con la ayuda de algunos amigos y aliados de su difunto padre.

La caída de Huáscar

Cerca al Cusco, el hermano bastardo logró derrotar al sucesor legítimo al trono. Huáscar no tenía ninguna alternativa para librarse, por eso se dio por vencido. Es así como el ejército y las tropas que acompañaban a Atahualpa se volcaron en la ciudad, una vez allí se encargaron de destruirla por completo y de saquear todo lo que encontraban a su paso.

Huáscar fue hecho prisionero, y su castigo por parte de su medio hermano era que viera la destrucción de su querida ciudad. La finalidad de esta destrucción era que no quedara ni un rastro de lo que había sido la ciudad del Cusco, pero eso no es todo, también se buscaba eliminar por completo la nobleza imperial.

La victoria en la guerra civil le valió a Atahualpa poder deshacer todo lo que deseaba, y no dudo dos veces en hacerlo.

La ruina del Imperio

Una ciudad destruida era lo único que quedaba, Tahuantinsuyo solo era la sombra de lo que en algún momento había sido una ciudad admirable. Lo más preocupante es que, para ese momento no se contaba con ninguna figura en el trono, por lo que el Imperio estaba tambaleando.

Atahualpa logró lo que quería y una vez culminada su misión se regresó al norte, pero realizó una parada en Cajamarca. Tiempo después fue hecho prisionero por los españoles que invadían este territorio.

Es desde su celda que manda a matar a su medio hermano Huáscar, lo que no sabía es que su destino también sería fatídico ya que fue ajusticiado el 26 de julio de 1533.

Sin duda alguna, una guerra civil siempre es el presagio de hechos violentos y turbulentos, pero esta guerra lo fue aún más, ya que ella marcó el inicio de lo que sería la conquista de los españoles en el Perú. Además, contaban con el escenario perfecto para hacerlo, ya que la ciudad estaba en ruinas y el Imperio no contaba con nadie a su mando.

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